viernes, 29 de julio de 2011

¿Para qué sirve el arte?

-Dime una cosa: ¿Para qué sirve el arte?

-Para jugar. Para jugar con las palabras, con los sentidos, para jugar con lo que vemos (o no), para jugar con el mundo, con nosotros, con la vida.

-Entonces, la pregunta es: ¿para qué sirve el juego?

-Para divertirse, para sonreír, para emocionar, para crecer, para creer.

-Comprendo. Podríamos llamarlo… ¿instinto de supervivencia?

-Exacto.

domingo, 26 de junio de 2011

Antes solía...


Cargó en aquel poema lo poco que quedaba del registro de sus años. Sus palabras reconocen las heridas, el resultado de fingir un drama ajeno. Nos miraba sincero, desde dentro, olvidado entre arrugas, pequeño.
De repente, ese espantoso olor a resignación sacudió sin pudor las brasas de lo vivido. Entonces musitó: antes solía andar en bici.

martes, 21 de junio de 2011

La señora sin nombre

La señora sin nombre. Por esta descripción podría ser cualquiera, podría tratarse de ti, de un amigo, incluso de un nosotros de dos novios que se regalan el yo. A veces imagino que esto no es real, que ella no es nadie más que el personaje que he creado para alimentar mis letras, para exigir emoción al aburrimiento de las horas muertas. Me cuesta admitir que no es así, que no son mis manos las que manipulan el relato, sino ella, su propia vida cargada de defectos como la de otros tantos, su propia vida me cede el privilegio de la curiosidad. Una más entre aquellos excéntricos que alimentan cotilleos de los que dicen ser gente común. Todos sabemos de su existencia, creemos conocer su historia al permitirnos la licencia de inventarla sin comprender, a penas, que todavía no le hemos puesto nombre. Quizás no importe tanto, al fin y al cabo estamos acostumbrados a tratar con el mundo desde la distancia, a forjar cadenas de relaciones que fallan en lo fundamental.
A veces olvidamos que lo esencial es invisible simplemente por su facilidad de mostrarse sin tapujos.

sábado, 18 de junio de 2011

Escándalo

En su vida, ninguna falta de ortografía. Bajo el brazo, un curriculum a lápiz susceptible de ser corregido. Camina marcha atrás para borrar sus huellas, estropear las horas no puede doler tanto como la indiferencia.
Todavía recuerdo cuando de niñas seguíamos sus pasos a hurtadillas, advirtiendo entonces el cautiverio de una mirada inquieta. Se trataba de un juego, la búsqueda inocente de la intriga. Pero un día, cansadas de su olor vespertino a café irlandés y el tacto almidonado de aquellos escondites en la acera de enfrente, quisimos enfrentar curiosidad y combate, generar otra chispa de vibración. Presencié la escena rígida, hierática e inexpresiva como las esculturas antes de ser descubiertas por los griegos. Fue la primera vez que me cedió los ojos, ahora, su rutina se nutre al intimidarme. Sin embargo, el único motivo que me impulsa a seguir callando, es escandalizar a un público que todavía no ha sido preparado para ello.

miércoles, 15 de junio de 2011

Confesión de un voyeur

Por dónde empezar. Si pudiera definir en una sola línea lo que siento, si pudiera convencerle del magnífico placer licuado a través del espejo…
Contrario al resto (lo sé) sólo pretendo acercar un punto las ruinas de mi estúpida obsesión.
Siempre he pensado que era el único. Ella nunca me vio… un día estuvo a punto (y a punto yo de perder la cordura) pero todo quedó en nada así que continué observando.
Sentir por un instante el poder en los ojos, la gloria en las manos, la transparencia que el cuerpo convierte invisible y la única silueta filtrada que susurra soledades convencida de su intimidad…eso, todavía no he logrado olvidarlo.

Extasiado, me encontraba nuevamente en el punto álgido de mi rutina. Las 23:00, terminado el penúltimo trago, escucho la llave que anuncia su vuelta. Fantaseo con sus manos que giran el pomo, sus tacones cansados se recogen hasta el nuevo día y ella, confiada, nunca cierra la puerta del todo. Saluda con desgana entrando a la habitación contigua.

Puedo asegurarle lo imposible de la situación, usted conoce mis hábitos, debería saber que siempre miro, perdón, miraba, a través del hueco que cedía aquella puerta. El espejo…si, también el espejo, en fin, no se desvíe del tema. Aquel día me dispuse de nuevo a volverme invisible (pasar desapercibido desgraciadamente nunca ha sido un reto para mí) su camisa conversaba con la almohada, sus talones mostraban el indicio del cuerpo desnudo y yo...
De repente comencé a sentirme pesado, tangible, extrañamente incómodo. Rápidamente lo advertí, lo aseguro, había alguien más, tenía que haberlo. Mi transparencia se volvió opaca, como si me hubieran robado los ojos, no podía soportar que otro dirigiese la escena. Sintiéndome el títere de alguien, apresuré la mirada en dirección al objetivo…

De nuevo el silencio, el vacío absoluto, no sé cómo lo hizo pero le aseguro que había alguien más. Me sentí amenazado, preso de mi propia trampa.
Yo no coloqué la cámara, tiene que creerlo, alguien ahí fuera me observa, puede que también a usted.

Desde aquel día no la he vuelto a ver, creo que sigue sin saber la verdad. Guarde
silencio, por favor.

Perder

La última frase quebró su cuerpo con la tinta de la incertidumbre.

- Mueve ficha
- …
- Has vuelto a perder