viernes, 10 de agosto de 2012

Espectáculo de variedades

El resto de la gente finge estar equivocada, o suspira girando la vista, algunos disimulan, no sé por qué. No me concentro, pero casi mejor, la situación es simplemente divertida, inusual, aunque también algo molesta. Bastante molesta diría yo, es cierto que es el campo cultivo idóneo para cualquier tipo de literatura, en especial podríamos crear una novela satírica, con cierto humor negro adherido a una ironía burlesca. Cuando solía leer a Cela o a García Márquez no imaginaba que existieran realmente personajes tan estrepitosos, y mucho menos que alguna vez pudiera darse la ocasión de verlos juntos. Pero aquí estoy, en un circo de variedades maquillado de tren de cercanías, al menos los payasos no pintan su sonrisa.

Contextualicemos un poco más el escenario: 25º de temperatura ambiente, asientos confortables abarrotados, voces que se confunden y un pasillo estrecho. Mi espacio de movimiento es limitado, lo limita el Pasajero de al lado que ahora mismo duerme. El Pasajero de al lado, el que ahora mismo duerme, no deja de sudar y provoca un calor nada agradable. El Pasajero de al lado me desconcierta, se muestra amable sin hablar. Este podría ser el mudito, que ahora ya no duerme, pero ojea, silencioso, el periódico mientras asegura cada cierto tiempo que su frente no se empape demasiado. Unos asientos más adelante hay una Chica ruidosa que ya se va, y unas Mujeres de Botero que también bajan en la siguiente parada. La Chica ruidosa tiene un problema, la acompaña su madre. La madre de la Chica ruidosa también tiene un problema, cuidar de su hija ruidosa. Pero voy a respetarlas, no estaría bien hablar de alguien que ha abandonado el circo. Cuando se abre la puerta entra un brisa que refresca y ventila, se agradece dadas las circunstancias. Las Mujeres do Botero también se han ido, pero antes han terminado el show. Imagináis que en toda función nunca pueden faltar, Botero lo sabía y por eso las pintaba. Estas no tienen barba pero son de buen paladar, toda mujer de buen paladar merece ser pintada por Botero. Voy a ocuparme ahora del Simpático cuerdo, mejor lo dejo para el final, es el más divertido. Aunque penséis que los cuerdos no tienen gracia a este le sobra, también le sobran otras cosas de las que nos ocuparemos más adelante. Vamos, entonces, con el Grupo portugués, no sé si cambiarles el nombre por uno más comercial, pero es bastante adecuado y definitorio. En el Grupo portugués hay, como en todo grupo que se precie, un Chico que despunta. El Chico que despunta del Grupo portugués decide sentarse en el medio del pasillo, caiga quien caiga. Hay un asiento libre algo alejado del resto, un Grupo portugués no puede dividirse nunca. El Chico que despunta se sienta, finalmente, en el medio del pasillo. No podemos pasar y yo me río, que por algo es un circo. El resto de la gente finge normalidad, o suspira girando la vista, algunos disimulan, no sé por qué. El resto de la gente son los espectadores, un Público poco participativo. Entre el Público poco participativo aparece nuestro último personaje, el Simpático cuerdo. Resulta que el Simpático cuerdo es el único que encuentra raro el descaro del Chico que despunta. Y aquí empieza todo, con el Simpático cuerdo, el único al que la gente, de nuevo no sé por qué, no disimula su pudor. Entonces el Simpático cuerdo, cerveza en mano, con la única sonrisa real que he visto en un circo y el cuerpo tambaleándose inestable, soltó una frase que transcribo literal porque merece ser el final de esta historia “¿Y a este que le pasa? ¿está colocado o qué? Si yo pensaba que el que estaba colocado aquí era yo”  

*Esta historia y sus personajes son totalmente ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.