Cargó en aquel poema lo poco que quedaba del registro de sus años. Sus palabras reconocen las heridas, el resultado de fingir un drama ajeno. Nos miraba sincero, desde dentro, olvidado entre arrugas, pequeño.
De repente, ese espantoso olor a resignación sacudió sin pudor las brasas de lo vivido. Entonces musitó: antes solía andar en bici.
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