jueves, 1 de julio de 2010

Un hombre y su sombra

-Qué diferente se ve el mundo desde la pequeñez de quien no tiene nada que decir.
-Qué diferente también cuando has creído que lo tienes todo. –le reprendió su sombra-.
-El final es incierto, sólo nos queda aceptar el sabor de aquella incertidumbre anhelada.
- …o convenir hacer lo correcto. ¿Recuerdas? Eso que la gente como tú suele llamar aburrido.
- Me gustaría estar solo, por favor.
- Sabes que no es posible, te seguiré hasta el fin, y acaso consiga que entres en razón.
- la razón de los sentidos…
-aquella insensata…
- no lo menciones, merecerá la pena seguir un rumbo…
- En la medida en que todo se esfuma, cambiar el ritmo no suena tan mal.
-Te empeñas en confundirme, tú no estabas de acuerdo…
-Sólo pretendo mostrarte las posibilidades, cerrar un punto, abrir dos más.
- No es fácil…
-porque tú lo impides…
-vete, nunca me hubiera preguntado esto sin ti…
-Mejor todavía, no me iré.
Pero apagó la luz quedándose solo al fin. Sus ojos vencidos cedieron al sueño el don de imaginar.
Despertó aturdido, confuso, temiendo que al pulsar el interruptor su sombra hubiera desaparecido para siempre. Pero seguía allí, esperando, consciente de que ya no podría vivir sin ella.

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